Hay tantas formas de vivir el sexo como personas hay en el mundo. Hay hombres para quienes el sexo se reduce al misionero y poco más. Otros, más amigos de la experimentación, se aventuran ensayando posturas eróticas en busca nuevas sensaciones. Algunos, más originales y especiales, viven su sexualidad de una manera en la que los fetiches juegan un papel fundamental. Éstos son hombres que se excitan especialmente al contemplar, por ejemplo, el pie de una mujer calzando un zapato de tacón. O una axila femenina llena de vello. O que sienten especial predilección por las mujeres obesas. O que sienten cómo si libido entra en ebullición cuando tienen ante sí a una mujer que luce alguna cicatriz en alguna parte muy determinada de su cuerpo. Al hablar de estos hombres hablamos de los fetichistas. De ellos, de los fetiches y del fetichismo vamos a hablar en este artículo.
Hablar de fetichismo es hablar de algo que es mucho más habitual de lo que pensamos. Hay más fetichistas caminando por la calle de lo que en principio podemos imaginar. Son muchas las personas para las que determinadas sustancias, objetos o partes del cuerpo de la persona en particular son fuente de excitación o, incluso, orgasmo. Eso, y no otra cosa, son los fetiches.
Hay quien considera el fetichismo una especie de degeneración, algo detestable que debe corregirse. Nosotros consideramos que concebir el fetichismo de ese modo es, cuanto menos, injusto. El fetichismo debe considerarse una práctica inofensiva. De alguna manera, el fetichismo nos sirve para mejorar nuestra experiencia sexual, para hacerla más intensa y placentera. El fetiche es, para el hombre fetichista, algo así como un afrodisíaco. ¿Qué hay de malo en que un hombre goce especialmente mientras se está follando a una mujer vestida de enfermera para la ocasión? ¿Qué podemos criticar a un hombre que empalma mientras lame el empeine del pie de una mujer? ¿Por qué a un hombre deben gustarle necesariamente los pubis rasurados? ¿Por qué no pueden gustarle los coños y los sobacos bien poblados de pelo? ¿O por qué no puede concebir ese hombre que el placer sexual máximo resida en hacérselo con alguien que tenga unas tetas demoledoramente grandes o que se comporte como poco menos que un mueble.
Sin duda, hay unos fetichismos más extraños que otros, pero ninguno puede considerarse peligroso si, en primer lugar, no se convierte en una parafilia y si, en segundo lugar, se practica preservando en todo momento la voluntad del otro y su modo de concebir la sexualidad. ¿O es que alguien va a decirnos cómo debemos follar o lo que debe excitarnos?.
Durante muchas décadas, los fetichismos fueron equiparados a las parafilias. Hoy, por fortuna, se diferencian a unos (inofensivos y divertidos) de las otras (castrantes para aquella persona que las experimenta). ¿Cómo? De un modo muy sencillo: hablamos de parafilia cuando un objeto, sustancia o práctica en particular es absolutamente imprescindible para que la persona que la experimenta pueda alcanzar el placer y de fetichismo cuando ese objeto, sustancia o práctica no es indispensable para que el fetichista alcance la excitación sexual, aunque sí sirva, y mucho, para hacer que esa excitación sea más intensa. En el caso de la parafilia podemos hablar de patología; en el del fetichismo, solo de una forma distinta y, si queremos, estrambótica de vivir la sexualidad.
Como hemos indicado anteriormente, son muchos los tipos de fetichismos. Hacen un exhaustivo listado de ellos no es el objetivo de este artículo, pero sí recogeremos algunos de los más comunes y también algunos de los más extraños o chocantes.

Y hasta aquí esta pequeña introducción al mundo de los fetichistas y los fetichismos. En próximos posts seguiremos indagando en la perturbadora mente de un fetichista y si tu eres uno de ellos recuerda que tenemos muchas chicas en Barcelona y Madrid que les encantan los fetichista y estás dispuestas a jugar y llevar a cabo sus fantasías sexuales. Escorts o putas de lujo, las mujeres ideales para un fetichista.