No son nuevos, ni mucho menos. En países como el Reino Unido ya existían hace dos siglos. En ellos, los miembros más exclusivos de la sociedad británica se reunían para conversar, cerrar negocios o hacer apuestas. Sin ir más lejos, Julio Verne se sirvió de uno de ellos para retratar el ambiente en el que su personaje Phileas Fogg se apostaba el que era capaz de dar la vuelta al mundo en 80 días. Más allá de la literatura, los clubs sociales o privados fueron exportados a todo el mundo y, por tanto, también a España. Ciudades fuertemente industrializadas como Bilbao o Barcelona fueron las primeras en tenerlos, habitualmente ubicados en edificios señoriales. En Madrid llegaron algo más tarde pero ahora son muchos los que tienen sus puertas abiertas. Te invitamos a conocer los nuevos clubs privados de Madrid.
A todos ellos les une dos características: la pertenencia selectiva y el acceso restringido. Es decir: a un club privado sólo pueden entrar los socios del mismo y las reglas para poder ser socios acostumbran a ser muy claras e inflexibles.
La idea que subyace tras la fundación de los clubs privados es la de crear ecosistemas relacionales en las que personas con un determinado status puedan relacionarse entre sí y puedan, gracias a la pertenencia a una entidad determinada, demostrar que se posee ese status. Es decir: pertener a un club de estas características se convierte en una herramienta de validación social.
En su origen, estos sitios servían para miembros de la aristocracia y de las élites económicas y políticas de la ciudad conversaran, hicieran apuestas, cerraran negocios o celebraran fiestas privadas u otro tipo de eventos. En la actualidad, algunos clubs privados de la capital de España llegan a incorporar barberías, centros de estética, gimnasios, etc.
A continuación vamos a analizar hasta qué punto los clubs privados chocan o no con la idiosincracia social madrileña y, después, realizaremos un recorrido por los más importantes clubs privados de la capital de España.

Hay quien apunta que el reciente incremento del número de clubes privados en Madrid choca de frente con lo que es la idiosincracia de la ciudad. Durante toda su historia, la vida social madrileña ha sido concebida como algo horizontal, espontáneo y muy improvisado. La regularización que implican las normas de pertenencia y acceso a una entidad privada de este tipo no cuadraría demasiado con esa concepción espontánea y horizontal de la vida social.
Por otro lado, quienes no ven con buenos ojos esa proliferación de los clubs sociales de Madrid alertan sobre el riesgo de que se pueda producir una saturación de la oferta cuando la comunidad de potenciales miembros no es, en principio, demasiado amplia. Cuando eso se produce, el riesgo de banalización de las propuestas aumenta, en especial cuando, persiguiendo una rápida rentabilidad, se abren las puertas a demasiados socios. Esta forma de actuar va en contra de un principio intrínseco de las entidades de estas características: la exclusividad. Es ésta, precisamente, quien da sentido al club. Si ésta se pierde, ¿qué sentido tiene una entidad de estas características?
Los analistas de este fenómeno también resaltan la inexistencia de un marco normativo específico para los clubs privados en la Comunidad de Madrid, lo que, a su entender, podría provocar dificultades legales en los procesos de tramitación de licencias y en los modelos fiscales aplicables.
De cualquier modo, y pese a los peros señalados, la apertura de nuevos clubs privados en Madrid es un proceso que señala una interesante transformación en la vida social madrileña. No en vano, un club es un espacio que realza lo que el mundo digital ha erosionado: las relaciones físicas. Es decir: gracias a ellos las personas pueden compartir experiencias y conversar de una forma presencial.

Hablar de los clubs privados tradicionales de Madrid implica hablar, obligatoriamente, de tres lugares donde la exclusividad prima por encima de todo. Esos dos lugares son el Club Puerta de Hierro, el Casino de Madrid y la Real Gran Peña.
El Real Club de la Puerta de Hierro fue fundado por el rey Alfonso XIII y el Duque de Alba en 1895 y está ubicado en el monte del Pardo. Este exclusivísimo club privado de la capital de España no admite nuevos socios desde hace tres décadas. Ni siquiera existe lista de espera y para entrar en él sólo puede hacerse con invitación y acompañado de un socio.
La pertenencia al Real Club de la Puerta de Hierro se hereda de padres a hijos y tiene 9.500 miembros que pueden practicar en su interior deportes como el baloncesto, el tenis, la hípica, la natación, el pádel, el croquet, el polo o el golf. No en vano, esta entidad alberga el campo de golf más antiguo de España.
Entre sus socios figuran Isabel Preysler, Rafa Nadal, Esperanza Aguirre o el rey Juan Carlos I. En el interior de las instalaciones se garantiza la máxima privacidad y discreción.
Por su parte, el Real Casino de Madrid, con más de doce mil metros cuadrados de superficie total, ocupa una joya arquitectónica ubicada en plena calle de Alcalá, cerca de la Puerta del Sol. Fundado en 1910, el casino madrileño acoge conferencias, catas de vino, conciertos, encuentros literrios, etc.
El ser socio del Casino de Madrid es un privilegio que pasa de padres a hijos. Para formar parte de este exclusivo colectivo hay que hacer un desembolso en un único pago de 6.000 euros, adquiriéndose así un título que da derecho de uso al propietario del mismo y a su cónyuge y en ocasiones, poder ir acompañado de una de las más populares escorts de Madrid.
Pertenecer al Casino de Madrid da derecho, a su vez, a acceder a más de 250 clubs exclusivos en el extranjero.
Perteneciente al grupo NH, el casino madrileño posee una importante biblioteca dotada de 40.000 volúmenes, así como salas de juego, de billares, dos restaurantes, bar, piscina climatizada, gimnasio, sauna, peluquerías de señora y caballero, sala de masajes, etc. Para poder acceder al recinto hay que vestir (en el caso de los caballeros) chaqueta y corbata.
Finalmente, destacaremos en este post una entidad que figura por méritos propios entres los más tradicionales de Madrid. Estamos hablando de Gran Peña. Nacido en 1869, ocupó en sus inicios una plata del viejo Café Suizo, local mítico por sus tertulias a lo largo de buena parte del siglo XIX. En 1917 se trasladó al número 2 de la Gran Vía. La inauguración del nuevo local fue presidida por el rey Alfonso XIII. Desde entonces, los Reyes de España son presidentes de honor de la institución.
En sus inicios, fue un club marcadamente militar. Incluso Francisco Franco fue socio. Poco a poco se fueron sumando a él miembros de la nobleza, la aristocracia, la política y los negocios (Santiago Bernabéu también fue socio), siendo siempe un Grande de España el presidente del mismo.
El local posee salones sociales y de ocio, restaurante y una biblioteca histórica con más de cincuenta mil volúmenes.

Hablar de los nuevos clubs privados más importantes de Madrid es hablar de los siguientes espacios:
A todos estos clubs privados de Madrid está previsto que se una a lo largo de este año el anunciado Soho House Madrid. Está previsto que se instale en dos edificios, en el barrio de Chueca, tras el Tribunal Supremo, uno en la calle Bárbara de Braganza y otro en Marqués de Monasterio. Ambos edificios, según se prevé, estarán conectados por un patio interior.
Este codiciado sello de clubs privados fundado en 1995 por el empresario británico Nick Jones ya tiene dos centros abiertos en España, uno en Barcelona y otro en Ibiza. Según está previsto, la sala madrileña tendrá cinco plantas a la calle, piscina en la azotea, gimnasio y otras áreas comunes características de los Soho House.
Soho House Madrid será la perla que corone el amplio catálogo de clubs sociales de Madrid, un listado en el que podemnos añadir los nombres de Argo, Around o Casa Club.
